
Catar es todo un arte y el queso llama la atención de los degustadores por la gran variedad de aromas, texturas, aspectos, etc.
1º.- Vista: Apreciarar el corte, su aspecto y el color de la pasta. Por fuera analizarás la forma, la corteza y el tamaño.
Comprobarás que:
En los quesos azules la pasta es de color blanco con vetas verdes azuladas.
2º.- Olfato: Acercando la nariz puedes percibir su olor y su intensidad.
3º.- Gusto: Con nuestro paladar apreciaremos la firmeza, la deformabilidad, el grado de adhesividad y la capacidad que tiene para desmenuzarse.
4º.- Textura: Puede ser fina, como en las tortas y otros quesos blandos, arenosa, típica de ciertos quesos azules como el Cabrales granuloso, el grado de humedad, si necesitas producir mucha saliva para poder tragar es porque estás ante un queso con un grado muy bajo de humedad.
5º.- Degustación: Sensaciones con las que captarás el aroma. Para ello, mastica durante unos segundos manteniendo la respiración y luego libera el aire por la nariz a rachas con la boca cerrada, con el fin de que los aromas y la intensidad aparezcan. Éstos los identificamos de la misma manera que lo hacemos con los sabores; en la boca.
Al final de la degustación te quedará el "regusto" o gusto residual.
6º.- Tacto: Reconocer su textura externa es la función del tacto.
7º.- Oído: Reconocerás un queso con "cristales" si al masticarlo lo oyes crujir; éste es el caso del Parmesano o el Mahó añejo.
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